El sueño de todos

Hace 50 años, un Reverendo negro de 34 años llamado Martin Luther King Jr. (MLK) subió al podio frente al Monumento a Lincoln para pronunciar el discurso de cierre de la Marcha a Washington en apoyo a la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos. MLK comenzó recordando que se cumplían 100 años de la Proclamación en la que el Presidente Lincoln liberaba a todos los esclavos, para luego enfatizar que, un siglo después, “el negro aún no era libre”.

En su discurso, considerado por expertos en oratoria como el mejor de todo el siglo XX, MLK conjugó la razón y la emoción para sintetizar a un mismo tiempo la esencia y la estrategia de la lucha por los derechos civiles del negro americano: obligar a la sociedad norteamericana a enfrentar la inexcusable contradicción entre uno de sus valores fundamentales–la noción de que todos somos creados iguales- y la vergonzosa práctica del racismo.

El aniversario de este discurso es ocasión propicia para mirar hacia dentro de nuestras sociedades y de nosotros mismos. ¿Podemos decir que en Venezuela somos creados iguales? ¿Que disfrutamos, independientemente de nuestro origen socioeconómico, de los mismos derechos y oportunidades para ejercer nuestro “derecho inalienable a la vida, la libertad, y a la búsqueda de la felicidad”?

Obviamente no, ¿pero qué hacemos al respecto? La desigualdad de condiciones sigue siendo el rasgo más vergonzoso de nuestra sociedad y una de las causas fundamentales del descalabro económico, político y social que hoy experimentamos. Rómulo Betancourt hundió su dedo en esta llaga unos años antes de que MLK lo hiciera en los Estados Unidos, cuando nos habló, en Venezuela, Política y Petróleo, “… de la coexistencia, sobre una misma tierra, de dos países: el minoritario y de holgado bienestar y el otro infinitamente más numeroso y marginado a las ventajas de la vida civilizada…”.

Frente a esta realidad, tenemos dos opciones como sociedad. Podemos seguir evadiéndola, culpando a los demás y suponiendo que lo que hay que hacer es cambiar al Presidente o al Ministro para que todo se arregle. O podemos enfrentarla todos juntos, reconociendo de antemano que vencerla exigirá cambios significativos y difíciles en nuestros valores, en nuestras creencias y en nuestra conducta.

I Have a dream today…

Ricardo Villasmil Bond
Publicado en El Universal el 25 de agosto de 2013

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